No todo está dicho


Reloj ¿por qué no marcas las horas?

Reloj ¿por qué no marcas las horas?

 

 

“Procuro ser siempre muy puntual, pues he observado que los defectos de una persona se reflejan muy vivamente en la memoria de quien la espera”.

                                       Nicolás Boileau-Despréaux, poeta francés

 

Tres de la tarde en uno de los salones que se alquilan para fiestas en Güines. Niños  ansiosos, jugando de un lado para otro, porque a sus padres se les informó que la “actividad” comenzaba a las tres y treinta de la tarde.

 

Pero no, pasaron las tres, y las cuatro, las cinco y a las seis y treinta ya desfallecidos de tanta carrera, los chiquillos comenzaron la gran celebración de Alejandrito, el pequeño que cumplía su primer año de vida.

Esta es la punta del iceberg de la impuntualidad que nos marca, hasta para festejar.

No saber a qué hora  puede empezar la reunión, pues no ha llegado  la presidencia o una persona importante,  abrir un establecimiento siempre después, nunca antes del horario que anuncian, no respetar el tiempo de los demás, son males detestables y desafortunadamente muy comunes en los días que corren.

Si dejamos de ser puntuales, perdemos el respeto de las demás personas y por todo lo que nos represente: nuestro servicio, nuestra imagen.  En Cuba la impuntualidad es algo casi generalizado.

Muchos pensamos que llegar tarde a una cita o actividad programadas, a un servicio que hemos de brindar, está dado a partir del interés que tengamos. Pero, reitero, es una plaga en muchos de los establecimientos  y unidades que brindan  servicios de todo tipo.

A la hora de comenzar,  por ejemplo en una tienda algunos dependientes están contando el menudo, otros organizan la mercancía en los anaqueles o los colgaderos,  incluso en una consulta  médica en ocasiones esperas al especialista más allá del tiempo pactado en el turno.

El  no prever  estas situaciones, el hacer esperar, provocar trae una ecuación matemática lógica: Mala imagen, mal servicio.

Porque la puntualidad es cosa de personas responsables con lo que prometen y dicen.

El retraso de cualquier individuo en un cargo público puede ocasionar que toda una cadena del “tiempo” de otros  se complique, hasta límites dramáticos.

El costo de la impuntualidad  repercute también socialmente, porque esas horas de improductividad no son traducibles en más dinero ni más tiempo de esparcimiento... es más, son traducibles en stress.

Culturalmente hablando: es duro el hecho de  que nos digan que en Cuba nada empieza a la hora, que no somos responsables, que no se puede hacer algo correctamente desde no respetar el horario de trabajo, la permanencia en el puesto…..

Las mujeres reverenciamos a los hombres puntuales, y cuantas cosas se nos han perdido por no ser cuidadosos con eso. Como dice le refrán “quien madruga Dios lo ayuda”.

Ya escribió el famoso educador norteamericano Horace Mann: “la informalidad en atender una cita es un claro acto de deshonestidad. Igual puedes robar el dinero de una persona, si robas su tiempo”.