No todo está dicho


Ocio: ¿tiempo perdido?

Ocio: ¿tiempo perdido?

Vivimos protestando porque estamos agotados, rogamos tener más tiempo libre, más domingos sin compromisos, disfrutar de un bendito feriado sin hacer nada.

Sin embargo, cuando se acerca el fin de semana, el feriado, y ahora que llegaron las vacaciones a muchos se les atraganta un mandato histórico: ¿Por qué cuesta disfrutar de los ratos en los que no se hace nada “productivo”? ¿Cómo deshacerse de esa voz que repite que el ocio es “la madre de todos los vicios”? ¿Cómo olvidarse del celular en las vacaciones y conectarse con el momento?

 Por esa incapacidad de preguntarnos qué nos gusta hacer en el tiempo libre –parece más fácil preguntarnos qué sería útil hacer– es que ahora los especialistas salen a reivindicar al ocio.

Ocio y tiempo libre no son la misma cosa. El tiempo libre es básicamente el que no se usa para trabajar o dormir. El ocio, en cambio, es el tiempo libre que usamos para hacer algo placentero, enriquecedor para la vida personal. Suena tan simple y sin embargo a muchos les cuesta horrores.

No es casualidad que el término ocio tenga una connotación negativa,  el tiempo libre en la vida moderna parece carecer de importancia, muchos lo consideran tiempo perdido que conlleva a la improductividad.

Es así como con la velocidad de los días de hoy, se mal interpreta  el ocio,  que sigue siendo un factor esencial en la vida humana como tiempo de esparcimiento, de olvidarnos de los problemas que son muchos y de poner la mente y el alma en cosas que nos den placer.

Es recomendable aprovecharlo en obras de ingenio,  o simplemente como un tiempo de cese de actividades o descanso.

Qué útil resulta desconectar por algunas horas, del agobio diario que representa cualquier tarea de obligatorio cumplimiento.

Este pasatiempo resulta vital para evitar muchas enfermedades mentales provocadas por el estrés. Por tanto, el tiempo de ocio no  es un tiempo perdido, si se sabe invertir   bien.

Todos necesitamos ratos de esparcimiento, ya sea para reponer fuerzas, para olvidarnos de la rutina o para realizar aquellas cosas que nos gustan y no conllevan obligación alguna.

Hay gente que no puede ni tomarse un rato para disfrutar del olor del café durante la sobremesa. Por eso el lujo no es tener mucho tiempo libre, es aprender a disfrutar de ese tiempo.