No todo está dicho


Mi abuela Salomé

Mi abuela Salomé

Hoy, la nostalgia me visita otra vez. Traigo a la memoria recuerdos de esa mujer maravillosa, llena de vitalidad. Salomé  Tartabull Padrón, mi abuela querida. Cumpliría  este 18 de julio 102 años.

La memoria está condicionada por la emoción.  Recordamos más y mejor los hechos que nos conmueven. Al contar el pasado   relatamos los momentos especiales- buenos y malos- y omitimos la inmensa zona gris de cada día.

Trato de enlazar las palabras que con lágrimas salen de mi alma, palabras que en este momento no quisiera decir, que acompañan esta tristeza. Pero sigo adelante….

La casa donde vivo, heredada de mi  abuela,  era un templo de mimos. Todos sus nietos acudíamos en las vacaciones a esta casona  con un enorme patio, donde mi tía la Gallega (una negra de ojos verdes, de ahí el apodo) criaba gallinas, pavos,  carneros, todo para los suculentos almuerzos de los niños.

Retozábamos con abuelita por horas, nada de consentirnos. Éramos muchos nietos y  ante tanto alboroto, bastaba con que la Señora alzara la voz y tomara en sus manos  un gajo de  escoba de palma,  para que la tropa hiciera silencio absoluto. Era de armas tomar  y  fuerte como una guerrera

Recuerdo  que hablaba en proverbios (me encantaba cuando decía  “Si fío pierdo lo mío, si presto al cobrar molesto, si doy a la ruina voy, y para librarme de esto ni doy, ni fío, ni presto!), sabía cientos de cuentos populares,  y remedios para todos los males, algunos se los llevó con ella.

Para Salomé todo tenía solución: un empacho, el cuello torcido, el pan que María victoria y sus hermanitas le pedían cada día.  Mediamentos de los que ya no se hablan, en fin.

Cuando alguien tenía una ropa descocida, era habitual que la abuela lo zurciera, con paciencia y detalle. El costurero era esa caja mágica que contenía hilos, agujas, dedales, tijeras, un metro y toda una galería de pequeñas piezas que hacían las delicias de los nietos más curiosos y la salvación del vecindario.

. En el barrio  todos la llamaban Memé. Toda una Diosa: infalible, omnipresente y todopoderosa.

Hoy parece que las palabras también se despiden de mí, tengo tanto que decir,  pero su ausencia enmudece mi voz,  cautiva mi pensamiento.

Salomé, sé que me acompañas,  no te has ido  nunca, porque estás en cada latido, en cada lágrima.

Te amo abuela, y cuando llegue a tu lado enséñame a volar.