No todo está dicho


Júbilo por la presencia eterna de Martí

Júbilo por la presencia eterna de Martí

 

Amanece este 28 de enero con gritos de alabanzas que  invaden hasta el eco, para decirnos una pequeña verdad sobre un hombre tan alto, figura excelsa que colma el horizonte de Cuba.

Era una niña y aún me quema la emoción de las primeras lecturas del Apóstol. Ya de noche, cuando todos en casa descansaban y todo era silencio, bebía su prosa pura, de corazón a corazón, que es cuando se entienden las cosas, y llegan muy adentro para el mundo de nuestras esperanzas.

Así ha sido desde entonces, siempre igual, buscando la soledad para oir mejor, para que sus espadas se claven hondo en mi pecho en este clamor de gloria por José Julián Martí y Pérez.

Comprendo que no hay otra forma de celebrar el júbilo de la presencia de Martí por este mundo nuestro, suyo, tan querido y luchado por sus constantes agonías de hombre sin sombras.

Pero así y todo, bueno será que nos detengamos un momento, que demos reposo a la garganta para la íntima paz de su tarea.

Porque la grandeza última de Martí está en no haber dicho más que lo justo, en no haber escrito ni una palabra de más ni tampoco de menos, en no haber hecho  sino lo que debía en el minuto preciso.

Y esto no se puede decir a voces, sino con voz de alma, de  mí para ti, de Él para todos los que soñamos diariamente con la verdad de su grandeza.

Fue Gabriela Mistral quien lo consideró el “hombre más puro de la raza” y a su obra como “una mina sin acabamiento.”

Adentrémonos en esa mina infinita de modo que podamos conocer mejor al amante exquisito y profundo de las letras y de lo bello, sensible y apasionado por la búsqueda del conocimiento humano, considerado precursor del Modernismo en la literatura latinoamericana.

Al maestro, periodista, combatiente político  que de manera tenaz estudió, leyó y escribió sobre lo que ocurría en el mundo de su tiempo, desde las crónicas sobre la invasión colonial francesa a lo que es hoy Viet Nam, hasta historias y narraciones de todos los rincones de Europa.

Hemos contraído un compromiso enorme y hoy estamos llamados a preservar para las generaciones presentes y venideras su rica herencia y a promover desde la familia, la escuela, los medios de comunicación masiva, sus ideas y dar continuidad a su ética.

En el silencio de su Mausoleo José Martí sigue reclamando la luz de su nombre para entregarnos su lampo y su misterio, para oírlo palpitar de nuevo a nuestro lado. Para estrecharlo sobre nuestros pechos y decirle con sinceridad y hasta con lágrimas: ¿qué norte apunta nuestra brújula?