No todo está dicho


Faltas de ortografía una verdadera plaga

Faltas de ortografía una verdadera plaga

 

 

Las faltas de ortografía no comenzaron cuando los grupos musicales decidieron ponerse nombres con ausencia de vocales o emplearon una consonante por otra.

Ni tampoco obedece al elevado costo de las conexiones por los celulares, cuando los portadores de estos aparatos abrevian tanto la caligrafía que casi no se escribe nada, los jeroglíficos están a la orden del día.

No Señor, la historia de la mala gramática es antigua, y ya es tiempo de ponerle  punto final.

Desde hace varios cursos comenzó a aplicarse en Cuba una serie de medidas para los estudiantes universitarios con graves errores ortográficos.

Se implementó también un curso sobre la materia en las clases televisivas de Universidad para todos, acompañado de un tabloide que desapareció inmediatamente de los estanquillos de venta de  periódicos.

También se reimprimieron textos sobre la el tema, ampliamente vendidos durante las Ferias del Libro, y los alumnos, al fin, se interesan por la correcta escritura de las palabras.

Otras disposiciones más recientes desde los grados iniciales resultan encomiables, y la mayoría de los profesores, que a lo largo de décadas han impartido asignaturas de Humanidades, las han recibido con beneplácito.

Los problemas ortográficos los podemos apreciar sentados cómodamente ante el televisor de nuestras casas  cuando leemos los subtítulos de películas, en los pequeños textos que acompañan una imagen informativa, o también en los letreros para una citación, en la pizarra del bodeguero o de una cafetería; en fin, constituyen una verdadera plaga.

Puedo presumir de  tener una buena ortografía. y les cuento que ya  en segundo grado la maestra Magalys me mandó a la pizarra a escribir la palabra ‘atmósfera’ y la  copié correctamente. Así fue que me di a la tarea de leer un diccionario Aristos Ilustrado que me regaló mi querido abuelo Máximo.

Y es que antes de ir a la escuela ya leía de corrido,  y cuando aprendí a leer e interpretar no me perdía los crucigramas de la célebre Revista Bohemia que me ponía mi padre en las manos para componer aquel entramado de palabras.

Para poder leer la Edad de Oro, los cuentos de Había una vez y Oros Viejos debía comerme toda la comida.

Si un niño abre sus ojos al mundo en una casa donde no existe ni un solo libro, es lógico que nunca se interese por buscar o tomar alguno en sus manos, a no ser los que la escuela gratuitamente le ofrece.

Por lo que, la ortografía no es únicamente problema de los centros docentes, sino de todos, desde la familia hasta el último maestro.

Innumerables especialistas coinciden en que la fuente primaria de una buena ortografía es leer desde la niñez. Entonces cabe preguntarse: ¿a dónde van a parar las masivas impresiones de libros, las Ferias donde los padres salen cargados de variados títulos?

La lectura únicamente no ofrece ortografía, sino vocabulario, sintaxis. Además del placer estético que ya conocemos. Y uno de los males de nuestros estudiantes de hoy es que no tienen ese hábito.  

Lo lamentable es que este interés por la ortografía, por dejar de graduar estudiantes de cualquier enseñanza que no sepan escribir vocablos elementales, no se haya tenido en cuenta desde mucho antes.