No todo está dicho


El piropo ¿exclusivo de los hombres?

El piropo ¿exclusivo de los hombres?

 

El piropo es una de las costumbres más  originales que nos habitan, y no creo que muchas otras expresen la imaginería exótica y el calor de los nacidos en este hermoso archipiélago del trópico.

La expresión es consecuencia de la sensualidad contagiosa que vivimos a diario, y viene siendo una especie de regalo que nos gusta dar o recibir, y que se desliza entre la galantería y la presunción.

Sin embargo, tenemos la impresión de que en esta era moderna no pocos hombres, protagonistas por excelencia del piropo, han perdido la capacidad de expresarse dignamente ante una mujer de belleza tropical, esa que los hace torcer el cuello y abrir los ojos.

El machismo secular no nos ha permitido a las muchachas ser más originales y fuertes con ese lenguaje que tácitamente nos es terreno prohibido. Aunque hay algunas “osadas” que emprenden el coqueteo, también como forma de halagar la belleza varonil.

Ahora, cuando uno  aguza el oído y escucha, hay piropos que llegan a dar pánico, como los que nacen cuando se juntan más de cinco cubanos en una esquina del pueblo y asaltan implacables con algún disparate a cualquier criolla indefensa.

El piropo es ese gesto con la voz que eleva el torso de quien lo recibe si es grato, de lo contrario el rostro pasa a su peor expresión.

¿A qué se debe tanta pereza mental? ¿Acaso hay miedo de pecar de caballeros en este nuevo milenio de la humanidad?

Si ciertos hombres que no saben adornar nuestras calles y almas con un saludo cálido, limpio, supieran cuánta profundidad y eficacia puede haber en un piropo bien pensado. Si supieran que esa costumbre conforma la mismísima masa espiritual  de lo         que somos, se sentirían orgullosos de piropear bien, aunque no reciban nada a cambio.

El piropo es un retozo elegante, un gesto que empieza y termina en sí mismo,  y no necesita para su  perfección el premio de quien lo practica.