No todo está dicho


El divorcio ¿acuerdo o conflicto?

El divorcio ¿acuerdo o conflicto?

Hace poco  diversos medios digitales del país, con datos del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, contaban que los divorcios en Cuba han aumentado de forma “extraordinaria” y su índice casi se triplicó en las últimas décadas hasta alcanzar una proporción de 64 por cada 100 matrimonios en 2009, según un artículo divulgado por la revista Mujeres.

El divorcio más que un acuerdo, constituye una lucha, más que una solución, crea un nuevo conflicto.

Hay que ver el grado de destructibilidad mutua al que se puede llegar, y las artimañas de todo tipo que se hace una pareja como venganza, para intentar rescatar una unión malograda, para compensar el orgullo herido, etc.

Entre esas “estrategias” se encuentran el uso de los hijos como objetos de presión,  chantaje abierto o disimulado.

La incapacidad para vivir una alianza donde reinen afectos y actitudes determinados por el amor, el respeto, el desinterés y otras cualidades que hacen humano al hombre, se manifestará en la familia futura que se intente construir, si no se lleva a cabo el aprendizaje y la toma de conciencia que propicia la situación de divorcio.

Pienso que no todo tiene que verse en blanco y negro, porque también el divorcio puede ser una oportunidad para mejorarnos, cercenar lo negativo de nuestras personalidades y  dar ocasión a que lo noble y constructivo florezca, para que en lugar de perder afectos y generar odios, surja una relación de diferente cualidad, incluso mejor que la que estuvo determinada por vínculos sexuales.

He aquí una historia breve: “una  sicóloga contaba que  le llegó una maestra preocupada porque uno de sus alumnos afirmaba tener dos mamás y dos papás. Sucede que sus padres se habían divorciado y vuelto a casar ambos, las dos nuevas parejas mantenían tan buenas relaciones, que los hijos originales de ambas no sentían diferencias de afectos, y se consideraban con cuatro progenitores”.

El divorcio puede ser un punto de partida para nuestro crecimiento personal. Vale más desgarrarse un poco el alma cuando se está en época de cura, que andar por la vida arrastrando la pesada carga que representa una unión infeliz.