No todo está dicho


Bienvenida la era cibernética

Bienvenida la  era cibernética

Benditas las computadoras,  y sobre todo la internet. En este siglo 21 casi todos, para no ser absoluta, (muchos aún no cuentan con estos medios) hemos  desplegado una carrera veloz tras  estas máquinas, una  de las grandes creaciones de estos tiempos.

¿Cuáles es el último modelo de computadora? ¿Cuántos teras  trae? Son preguntas  sin respuestas ante el rápido correr del avance científico, que se ha multiplicado no se sabe la magnitud, si lo comparamos con todo el recorrido de las ciencias durante la Edad Media.

El ordenador personal ha transformado el paisaje mundial. No existe actividad humana que prescinda de sus servicios.

Toda esta magia instantánea de la revolución digital ha  modificado radicalmente el contexto mediático, y cambiado el curso histórico del periodismo.

Después de más de un siglo de carrera tras la noticia de último minuto, se ha hecho real este viejo sueño: en las pantallas de los sitios on line aparece  la de último segundo.

Una marea de palabras e imágenes invade las autopistas donde clasifica todo: el documento legal, la investigación fundamentada, el rumor, la nota no verificada.

Hay una avalancha de informaciones, chismes sobre famosos, escándalos políticos, sexuales, todas ocupan  cada ángulo de la pantalla mundial.

De manera vertiginosa se multiplican los sitios en la Internet. El don de la ubicuidad se hace real en el tiempo. De esta forma muchos aprovechamos este espacio para expresar lo que pensamos.

No podemos darle la espalda al progreso. Sería clausurar las ventanas al futuro.

Hay que nadar en esas aguas, zambullirse, salir, avanzar, ir adonde quiera irse y no  adonde ellas nos lleven. Ello implica poseer cultura económica, artística, tecnológica, y también una sólida cultura política.

Es cierto que hay nuevos soportes, nuevos modos de contar las cosas, pero el periodismo de toda la vida, hecho por profesionales capaces de entender qué es relevante, y contarlo de modo veraz, con su contexto, a un público, es vital.

Llegar a conclusiones improvisadas sobre este tema no sería útil ni responsable. En medio del marasmo tecnológico debemos demostrar que en el reino de este mundo la profesionalidad y la ética no son solo bellas palabras.